Los directores de marketing nos encontramos con un nuevo desafío, utilizar las emociones en los e-mails para lograr que el consumidor utilice nuestros servicios o compre nuestros productos.
Según un estudio de la Universidad de Illinois, la personalización del e-mail, no es suficiente para captar la atención de los clientes. Esto tira por tierra muchas de las teorías sobre la personalización de los e-mails con información de nuestros clientes, ya que esto puede producir en ocasiones un efecto contrario al que queremos.
La directora del proyecto Tiffany Barnett White indica que “cuando los mensajes son personalizados, pero carecen de valor y justificación, tienen efectos no deseados”. Si esto es cierto, la repercusión del envío de mensajes personalizados, puede crear una imagen negativa de nuestra empresa.
En personas que han facilitado sus datos para recibir ofertas, boletines, etc., si tiene un efecto positivo, pero si las personas no han facilitado los datos para dicho fin, se pueden llegar a sentir manipulados ante la recepción de dichos mensajes.
El estudio indica que si la tecnología, por muy avanzada que sea, no tiene en cuenta las emociones, no vale para nada. La trayectoria del marketing ha sido, del marketing tradicional al relacional, y del marketing relacional al emocional.
Esto evoluciona el concepto de fidelización del cliente, ya que los clientes reclaman mayor atención y menos venta. Tiffany Barnett indica que “si la oferta es valiosa y justificada, el nivel de información personal no importa”.